martes, 7 de agosto de 2012

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LA REALIDAD DEL ADULTO MAYOR

Un señor de edad fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Las manos del viejo ya estaban temblorosas, su vista empañada de cansancio y sus pasos vacilantes. La familia comía reunida en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista falla del abuelo lo traicionaban a la hora de comer, los granos rodaban de su plato y caían al suelo. Cuando tomaba el vaso, la leche era derramada en el mantel, el hijo y la nuera se irritaban sin control por el "desastre".

- Debemos hacer algo respecto a papá - dijo el hijo.
- Ya es demasiada leche derramada, ruido de gente comiendo con la boca abierta y comida tirada por el suelo.

Entonces ellos decidieron colocar una pequeña mesa en un rincón de la cocina. Allí el abuelo comía solito, mientras el resto de la familia tomaba sus alimentos en la mesa con satisfacción. Desde que el abuelito rompiera uno o dos platos, su comida empezó a ser servida en un "plato de madera".
Cuando la familia le miraba, sentado allí solito, a veces el tenia lágrimas en sus ojos. Aun así, las únicas palabras que le decían eran reprimendas ásperas cuando el dejaba un cubierto o comida caer al suelo.

El pequeño de cuatro años veía todo en silencio. Una noche antes de cenar, el papá percibió que el pequeño estaba en el suelo, manejando pedazos de madera, le pregunto delicadamente:

- ¿Que estás haciendo?

El niño respondió dulcemente:
- Ahh, estoy haciendo un plato para ti y otro para mamá, para que coman cuando yo sea grande.

 El menor de cuatro años de edad sonrió y siguió con su tarea. Aquellas palabras tuvieron un impacto tan grande en los papas que ellos enmudecieron. Entonces lágrimas comenzaron a escurrir de sus ojos. Aun cuando nadie hablo nada, ambas sabían lo que debían hacer.
Aquella noche el papá tomo al abuelo de las manos y gentilmente le condujo a la mesa de la familia, de ahí en adelante y hasta el final de sus días comieron todos juntos. Y por alguna razón, el marido y su esposa no se molestaban mas cuando un cubierto caía, o la leche era derramada sobre el mantel.



Solo faltas tu


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